martes, 25 de enero de 2011

01


El escenario es un motel de carretera. Un hombre de unos 25 años está tirado sobre la cama de matrimonio con sábanas raídas por cuenta de la casa y gotas de sangre regalo del joven. No lleva más que unos pantalones vaqueros a un par de pasos de deshacerse, dejando ver unas vergüenzas que él considera ajenas, y simplemente mira cómo los primeros rayos de sol que entran por la cortina agujereada permiten percibir cientos de motas de polvo suspendidas en el aire. Tal vez lo único que perturba esta imagen de recién despertar y calma total es el atronador volumen de la radio, donde suena algo de eso que algunos, por cosas de la edad, han convenido en llamar ruido. También hay una prostituta muerta en al cuarto de baño, pero eso no es importante.
El chico no está del todo bien. En unos minutos se mostrará soberbio y arrogante con un semejante y dicho comportamiento, por supuesto, sólo servirá para prolongar su pena.
Toc-toc toc-toc-toc. Alguien golpeó la puerta con brusquedad, esperando así poder superar el volumen de la música. Toc-toc toc-toc-toc. Atención lector, un ritmo distinto del que está siguiendo la canción en ese momento es la mejor forma de que el de dentro escuche. Toc-toc toc-toc-toc dijo la madera por tercera vez sin obtener respuesta. La puerta comenzó a tiznarse llegando el olor a quemado a la nariz del joven en la cama. Un “joder” gutural y sin fuerza salió de su boca mientras se incorporaba, se ponía una camiseta y retiraba unos tapones de sus oídos (eso es, la lección sobre el toc-toc resultó inútil en este caso, pero nunca está de más aprender algo nuevo). Hubo un fuerte crack y un puño atravesó la puerta a la altura del pomo; cuando palpando lo hubo encontrado abrió la puerta.
Entró en la habitación ese cuerpo que nos acompañará largo tiempo bajo tres mandos distintos, un cuerpo también joven en apariencia, rondando los 25 años. Las diferencias entre ambos cuerpos se aprecian en el aseo, el color del pelo y el tono de piel. Un joven delgado de melena rubia y lisa con ropas ajadas se encendió un cigarro junto a la ventana mientras miraba a otro joven de pelo corto y moreno, más corpulento, aseado y con un brazo ennegrecido tras la irrupción.
—¿Qué coño quieres?—gritó el rubio.
—Ya lo sabes—dijo el moreno mientras apagaba la radio—. Empiezo a estar cansado de perseguirte y se te acaba el tiempo.
—¿Qué tiempo viejo loco? ¿En algún momento decidí yo que iba a unirme a tu causa? O ¿cómo lo llamas? ¿Mi instrucción? ¿Eso es? ¿Vas a convertirme en un buen ser humano? ¿Crees que puedes hacerlo? ¿Qué tengo salvación?
—Claro.
— Echa un vistazo al cuarto baño.
Así lo hizo el joven moreno y vio el cadáver mencionado anteriormente, despedazado dentro de la bañera con una sierra eléctrica culminando el montón de carne. Dejó escapar una momentánea  risa a modo de suspiro y preguntó:
—¿Estaba consciente?
—Claro que sí, ¿dónde estaría la gracia si no? Es la expresión en sus caras mientras lanzan palabras de socorro y súplicas lo que lo hace tan divertido.
—Entonces es mejor que la dejes así, no sobreviviría al trauma.
—Haré lo que me apetezca, viejo. Anoche lo acabé rápido porque estaba cansado, pero desde luego quiero más.
—Con ese agujero en la puerta será más fácil que te oigan, podría venir la policía. La cosa se pondrá fea.
—¿A quién le importa una mierda?—dijo el chico rubio apagando su cigarro inacabado.
El chico moreno le miró en silencio unos segundos.
—Adiós, Ezy—dijo—. A partir de aquí está en tus manos. Si al final decides buscarme será que yo tenía razón.
—Lo que tú digas.
Cuando el joven moreno hubo abandonado la habitación, cerrando la puerta a su espalda y alejándose, echó un vistazo hacia el agujero y vio cómo Ezy usaba una sábana para rellenarlo. Unos segundos después empezaron a oírse por todo el motel los gritos desesperados de una mujer y el ruido de una sierra eléctrica.


Sesión 1

El que habla: No es que todo comenzase aquel día, pero creo que es un buen punto para empezar a contarte todo lo relacionado con los demonios.
El que escucha y de vez en cuando pregunta o dice algo: Bueno, creo que algunas cosas ya me han quedado claras.
EQH: Lo que has visto en la torre puede haberte confundido. Mejor te lo cuento todo.
Demonio es sólo una palabra que se acerca bastante a lo que eran en realidad ya que, si bien el sitio en el que habitaban no era el infierno de la biblia, sí se trataba de un inframundo; además ya viste cómo el fuego formaba parte de ellos. Demonios no es correcto, pero sirve.
EQEYDVECPODA: A mí me vale.
EQH: Bien. Creo que viste a alguno de los comandos devolver a la vida a un ser humano. Eso era posible sólo si el cerebro estaba de una sola pieza y no había sufrido muchos daños. No sabría decirte qué cantidad de daño era considerada como “aceptable” o si se trataba de alguna parte en concreto del mismo, pero alguna vez vi a Ezy devolver a la vida a un hombre con una bala en el cerebro. Tampoco importaba que la cabeza estuviese separada del resto del cuerpo, por eso a pesar de estar descuartizada Ezy pudo devolver la vida a aquella mujer en la bañera para volver a desmembrarla como había hecho la noche anterior.
EQEYDVECPODA: Aha. Cerebro intacto, de acuerdo.
EQH: O con pocos daños.
EQEYDVECPODA: Que sí, de acuerdo.
EQH: He elegido ese momento para comenzar a contarte la historia porque fue la última vez que el viejo fue al encuentro de Ezy. Luego empezaría todo el juego que él, Ezy, y Luzyus* empezaron casi a la vez en distintas partes del país.
EQEYDVECPODA: ¿Luzyus?
EQH: Al principio creí que sólo fue relevante porque su actuación sirvió para que Ezy finalmente acudiese al viejo por su cuenta, pero hizo más que eso. Luego hablaremos de él. Primero te contaré cómo organizaron su juego Ezy y otro joven demonio que consiguió convencer para llevar a cabo sus travesuras.
EQEYDVECPODA: De acuerdo.
EQH: Por cierto. Te habrás fijado que Ezy dijo “Es la expresión en sus caras mientras lanzan palabras de socorro y súplicas lo que lo hace tan divertido”. Los demonios no soportaban los gritos humanos. Usaban tapones para los oídos cuando se disponían a prolongar el sufrimiento de alguna víctima.
EQEYDVECPODA:  Qué raro.
EQH: Yo no sabría el por qué hasta más adelante, por eso mejor dejémoslo aparcado.

No hay comentarios:

Publicar un comentario